viernes, 2 de marzo de 2012

El futuro del país

Tiene una carrera, muchas ganas y una gran vocación. Estudió Educación social porque quería ser útil en la sociedad, hacer de su ayuda a los demás un trabajo. Después de años de estudio, acompañados de los típicos trabajos estacionales de estudiante no-rico (en los que tantos de nosotros hemos sido explotados por nuestra condición de "crío-estudiante-temporero-necesita lo que sea") terminó la carrera y se dispuso a entrar en el mercado laboral.
Pero le tocó la crisis. Tuvo que coger un trabajo en Claire's, una tienda de complementos de un centro comercial. Cobra 350 euros al mes por 20 horas semanales (incluidos fines de semana y festivos), y tiene como encargada a una energúmena que cada lunes les hace firmar un documento donde aparecen los objetivos de venta -con la reprimenda consecuente si las ventas no mejoran. La encargada (sin estudios conocidos -pá qué...) cobra comisión por las ventas de sus empleadas "trescientoseuristas", por supuesto. De ahí las constantes presiones para incrementar las ventas.
Ella nunca ha perdido el sentido del humor; me cuenta, riéndose y con mucha ironía, que tiene "clientes espía", enviados por los jefes para ver si ofrecen todos los productos y "cansinenan" lo suficiente al comprador.
Indignada, le pregunto si por 300 euros de mierda le compensa aguantar todo eso.
-Mientras que no me salga otro trabajo, es lo que hay. La cosa está muy mal, no tengo paro y necesito dinero para mis gastos.
Sé que ella saldrá, porque vale, y mucho. Pero me cabreo pensando en las chicas -y chicos- que seguirán siendo exprimidos por unos desalmados, sin posibilidad de cambio, cogidos "por los huevos" -si no aceptas mis condiciones, ya sabes dónde está la puerta, que te pego una patada y me salen 20 como tú, ansiosos por trabajar en lo que sea.
Y me hierve la sangre pensando en tantísima gente preparada, sin ninguna opción; gente que se dedicó, como ella, a formarse para mejorar la sociedad. Una sociedad que ahora los rechaza o explota.
Menuda mierda de país.
PD: Esta entrada va dedicada a Ella.

jueves, 20 de octubre de 2011

Mi más maravillosa aventura

Hace casi siete meses que no escribo en el blog. Dos buenas amigas me lo han recordado últimamente: no escribes, te has vuelto perezosa, cómo se nota que no estás en una de tus fases reivindicativas...
Y tienen razón. Cuando escribo en el blog, siento la necesidad de volcar hacia fuera toda mi energía, todas las inquietudes que me están quemando por dentro, o simplemente las ganas de compartir con mis amigos una experiencia, una idea que me ronda por la cabeza. Pero en todos estos meses, he canalizado esa energía en otra dirección: hacia mi interior; un interior que percibo más inmenso que nunca.
Voy a ser madre. Nunca esa palabra, madre, había estado tan cargada de significado para mí. Cuando explico a los alumnos la diferencia entre "denotación" y "connotación", suelo utilizar los típicos ejemplos: la palabra mar tiene un significado en el diccionario, pero no significa lo mismo para un marino, para un turista del interior o para alguien que haya estado a punto de ahogarse. A partir de ahora, vendrá otro ejemplo a mi cabeza: madre. Ilusión, alegría, protección, esperanza, curiosidad, amor -un amor diferente al experimentado hasta ahora-... pero también responsabilidad, ansiedad, inseguridad, miedo, vértigo.
Creo que no puede haber en esta vida algo tan fuerte como sentir un ser, formado a partir de ti y de la persona a la que más quieres, en tu interior. Y quieres ver su carita, abrazarlo, comértelo a besos, darle lo mejor de ti, hacerle feliz. Y piensas que estás a punto de emprender la aventura más maravillosa que existe. Que nada va a ser igual (pero te encantan los retos). Y que, cuando veas la cara de tu hijo, toda la felicidad del mundo se quedará pequeña al lado de la tuya.

PD: Desde hoy, 20 de octubre de 2011, el mundo será un poquito mejor para nuestros hijos. Ojalá oigan hablar de ETA sólo en clase de Historia.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Iniciación

Sólo tendría 7 u 8 años. Hasta entonces, había devorado cualquier libro de cuentos o cómic que caía en sus manos. La colección de Astérix, antologías de cuentos de Perrault, Andersen, algún libro de El barco de vapor... Y entonces, como aquel libro de Gómez Cerdá que tanto le gustaba, apareció en su ventana (más que en su ventana, en una estantería de madera cargada de libros -pegada a su ventana-)
Nunca supo qué fue lo que le llamó la atención de aquel libro: era grande, de tapas verde oliva, viejo en apariencia, rodeado de muchos otros libros. Quizá fue su título, en enormes letras doradas: La historia interminable.
Estuvo mucho tiempo en el estante. Ella, siempre que se acostaba, pasaba minutos enteros mirándolo, con una mezcla de fascinación y miedo que en el futuro jamás sería capaz de comprender en su totalidad. No sabía por qué, pero ese libro le estaba llamando. De una forma irresistible. Y había algo prohibido en él. ¿Qué significará ese título?...Es de mayores; parece largo y difícil... Pero si es de mayores... ¿Por qué papá y mamá lo han puesto en la estantería de mi cuarto? Si es para mí, ¿por qué no me han dicho nada?, con lo que me gusta leer...
Una noche, cuando todos dormían, no lo pudo resistir. Saltó de la cama y se abalanzó sobre el libro prohibido, como un depredador sobre su presa. Temblando de emoción, se escondió bajo las sábanas y encendió el flexo, cuya altura bajó para que alumbrara aquel preciado tesoro. Lo acarició, lo examinó con la vista y el tacto detenidamente; hasta que, llena de curiosidad y ralentizando aquel momento mágico, lo abrió.

Y la magia sucedió. A partir de aquella noche, al igual que le ocurrió a Bastián, se sintió completamente hechizada por la Literatura.